La Permacultura: el Arte de Curar la Tierra
Los revolucionarios que
no tienen huerto, que dependen
del mismo sistema que atacan,
y que producen palabras y
balas, y no comida ni abrigo,
son inútiles
Bill Mollison
Juan Manuel Madrigal
Introducción
Cuidar la Tierra, cuidar a la gente, compartir los recursos y capacidades: esto es la base ética de la permacultura.
¿Qué es la permacultura?,
siguiendo su etimología significa cultura permanente aunque algunas personas restringen su significado a agricultura permanente. Hay algo
de correcto en esto último, pues sin la producción constante de los frutos de la tierra la vida humana y su cultura es imposible. Sin embargo, la permacultura es mucho más.
Algunos creemos que la permacultura es hoy en día una de las más ricas, vitales y emergentes síntesis del conocimiento humano en su
búsqueda de una sociedad justa en armonía con la naturaleza. Es posiblemente la más reciente cristalización del vínculo de la sabiduría y la ciencia.
Desde un punto de vista conceptual se puede definir a la permacultura como el diseño conciente y el mantenimiento de sistemas agrícolas
productivos que tienen la diversidad, estabilidad y resistencia de un ecosistema natural. Es la integración armoniosa del medio ambiente,
gente y animales que permite proveer su alimento, energía, abrigo y también, principios éticos y espirituales, de una manera sustentable.
Así, no hay que confundir la permacultura con tecnologías alternativas y técnicas agropecuarias desarticuladas.
La permacultura produce una ecología cultivada capaz de generar más alimentos para la gente y animales que la propia naturaleza a su ritmo (sin el factor humano). Así como la ingeniería genética ha llegado a crear nuevas formas de vida manejando las estructuras y elementos más íntimos de la materia viva, a su vez la permacultura ha llegado a producir vida abundante.
Todo esto desde la perspectiva de la educación popular, metodologías participativas, el sentido comunitario y la reverencia a la vida.
El australiano Bill Mollison es la figura clave en el surgimiento del diseño permacultural.
Historia
Bill Mollison nació en Stanley, Tasmania (1928). Desde adolescente aprendió a ganarse la vida por sí mismo. Fue panadero, trabaja
forestal, aserrador, trampero, naturalista y pescador de tiburones. En medio de ambientes silvestres y difíciles, cazó y pescó para vivir. Pronto aprendió el duro arte de sobrevivir en condiciones extremas y a amar la tierra y las regiones donde uno vive.
Desde 1954 trabajó como biólogo realizando estudios científicos en lugares remotos de Australia. En 1960 fue el curador del museo de
Tasmania. En 1966 regresó a estudiar, ganá ndose la vida como pastor de ganado, guardián de cafeterías y profesor de niñas. Se graduó en
biogeografía y quedó como maestro en la Universidad de Tasmania (1968).
Mollison se convirtió en un crítico radical de los sistemas industriales y políticos que estaban destruyendo, material y socialmente, todas las
partes del mundo. Pero como él mismo nos dice: “Esta oposición, por fin no cumple nada [...] no quería oponerme a nada y perder mi tiempo.
Quería regresar sólo con algo muy positivo, algo que nos permitiera vivir a todos sin el colapso total de los sistemas biológicos.”
En 1974, en conjunto con su alumno David Holmgren (su tesis de doctorado fue clave), desarrollaron una estructura para un sistema de
agricultura y de estilo de vida sostenibles, para lo cual Bill acuñó la palabra permacultura. Esto culminó en 1978 con la publicación del libro
Permacultura I y un año después, Permacultura II. Muchos especialistas y académicos se sintieron ultrajados por la combinación permaculturalde agricultura, silvicultura, manejo de animales y asentamientos humanos.
Bill ha dicho que, si bien en sus inicios la permacultura apuntó hacia el autoabastecimiento de la familia y de la comunidad, “la autosuficiencia
no tiene razón si la gente no tiene acceso a la tierra, a la información y a los recursos económicos”. Así, en lo últimos años la permacultura se está dirigiendo también hacia estrategias para acceso a la tierra, así como legales y financieras (tales como autofinanciamiento regional,
estructuras de negocios, intercambios de servicios y productos, sistemas económicos alternativos no basados en el sistema monetario
internacional como los Lets y los de Mark Kinney). De esta manera, la permacultura está tomando un rostro profundamente creativo y
revolucionario. Lo anterior queda más claro con la triple dimensión de la ética permacultural:
· Cuidar la Tierra: animales, plantas, tierra, agua y aire.
· cuidar la gente: alimento, abrigo, educación, empleo, contacto humano.
compartir los excedentes: dinero, tiempo, información y energía.
La clave es reconocer el valor intrínseco de cada cosa viviente, cooperación, no competición egoísta.
Desde 1979, Bill Mollison dejó la academia y se ha dedicado a practicar con el ejemplo: construir sistemas biológicos sostenibles.
Paralelamente, fue formando el Instituto de Permacultura Tagari, en Tyalgum, Australia. En 1991 ya había más de cuatro mil personas
graduadas, avaladas por el instituto. Actualmente hay más de 140 centros diseminados en 50 países (bajo el principio de no centralización), con 20 mil personas entrenadas.
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